lunes, 26 de agosto de 2013

Aristóteles, el gran maestro


Cuando se piensa en un modelo de filósofo se piensa en Aristóteles (384-322 a.C.). Si Platón fue el poeta del conocimiento, Aristóteles fue la personificación del espíritu científico de una civilización, la griega, que poco a poco se extinguía. Tal vez por haber vivido el ocaso de una época, Aristóteles supo recoger todos los frutos y darles una sistematización que permanecería insuperable durante varios siglos. Ése fue precisamente el intento de Aristóteles: establecer los límites y las posibilidades del conocimiento humano.

Aristoteles

Hijo de un médico de Estagira (Macedonia), Aristóteles fue discípulo de Platón durante unos veinte años, hasta que acaeció la muerte del maestro. Sus primeros pasos fueron una confrontación con la teoría platónica, pero la diferencia de planteamientos, como no podía haber sido de otro modo, pronto fue bastante profunda. Platón es el filósofo que busca la esencia del bien, de la justicia y de la verdad como instrumentos necesarios para crear una sociedad ideal.

Por el contrario, Aristóteles aspira a conocer por qué los cuerpos físicos se mueven y cambian de forma, de qué materia están hechas las estrellas o si existe un procedimiento infalible para establecer cuándo un razonamiento es acertado y cuándo no. Ambos buscan la verdad, pero no en el mismo sitio. El corpus de las obras aristotélicas que hoy conocemos recoge sólo los llamados escritos esotéricos (que no iban destinados al público en general), mientas que se han perdido los escritos exotéricos (los destinados al gran público). El corpus se compone del Organon, que recoge los escritos de lógica; un grupo de escritos sobre filosofía de la naturaleza (entre los que se encuentra la Física); los textos de Metafísica sobre la sustancia, el ser y el devenir; las tres Éticas (una de atribución incierta), la Política, la Poética (parcial) y la Retórica o el arte del discurso. La filosofía aristotélica se inicia con la crítica de la doctrina platónica y la diferencia de posiciones pronto se hace evidente. Las famosas ideas platónicas, dice Aristóteles, da lo mismo que sean ciertas o no, simplemente no resuelven nada: ¿de qué le sirve a un científico saber que el pájaro que ve volar es idéntico a la idea de pájaro? De nada, responde Aristóteles. En vez de tener un problema, por qué vuela el pájaro, ahora tiene otro más: por qué vuela el pájaro y qué es la idea de pájaro. No tiene sentido crear dos mundos: uno perfecto, el de las ideas, y otro, el que es objeto de nuestros sentidos, que cambia tanto y tan rápidamente que no puede conocerse.

La sustancia de las cosas debe estar dentro de las cosas mismas (debe ser inmanente) no en un hipotético mundo de ideas; el problema de la sustancia, de cuál es el soporte de los objetos y de los entes, lo presenta Aristóteles de una manera novedosa. Se equivocaron tanto los que creyeron que la materia era el principio de la realidad -la sustancia- como los que buscaron tal principio en una forma, precisamente ésa era la función de las ideas platónicas. Para Aristóteles la sustancia siempre es un "conjunto" (synolon) de materia y forma del que están compuestos todos los entes, se trata de una unión inseparable de las cualidades de una cosa con la materia de que está hecha. Así, un triángulo tiene una forma (es una figura geométrica con tres lados) y una materia (es un pensamiento humano), del mismo modo que un caballo está hecho de carne (materia) y es un mamífero (forma). Toda forma está ligada a una materia y viceversa, toda materia tiene, como mínimo, una forma. Sin embargo, es evidente que no todas las formas poseen la misma importancia, de tal forma que Aristóteles distingue entre esencia y atributos. La esencia es aquello que permanece igual a pesar de los cambios, mientras que los atributos pueden variar: el agua siempre es agua aunque a veces sea líquida, otras nieve o aparezca bajo la forma de unas nubes.

Este tipo de cambios, añade el filósofo, no son transformaciones que alteren la sustencia, más bien debemos decir que en la forma del agua está presente la posibilidad de ser hielo, nieve o nubes. De un niño, por ejemplo, decimos que ahora es un niño pero que se convertirá en adulto, de tal forma que entendemos que en el ser niño está presente el hecho de convertirse en adulto, mientras que no se da la posibilidad de que se transforme en casa. Asimismo, de las piedras no podrá surgir un "ser humano adulto" pero sí que podrán emplearse para construir una casa. Toda forma posee unas determinadas posibilidades y no otras.

Aristóteles se refiere como acto a aquellas que están presentes y como potencia a las que todavía deben actualizarse. Por ejemplo: ¿qué es necesario para que exista una mesa, para que una mesa pase, como día Aristóteles, de la potencia al acto? Es preciso que ciertas causas sean el "motor" de este paso. En primer lugar debe existir la madera, que al ser la materia de la que está hecha la mesa es la causa material. Después es necesario que un ser humano, un carpintero, trabaje la madera, y ésta es la causa eficiente ("la que ejecuta"), según una cierta idea de la "forma" de una mesa, de aquí el nombre de causa formal. Por último, la mesa se construye porque sirve para algo, tiene, como se dice en filosofía, un fin y este fin es la causa final. Aparece de esta forma una especie de cadena que podemos recorrer de nuevo hacia atrás: todo lo que se mueve (donde "moverse" quiere decir cualquier tipo de cambio o de mutación como nacer o morir, moverse en el tiempo y en el espacio, cambiar de forma, etc.) remite a la causa que lo ha puesto en movimiento, ésta a su vez a su precedente, y así hasta llegar al inicio de todo esto. Pero, ¿qué hay en el inicio? Debe de ser algo que no tiene nada antes, ninguna causa, ningún acto, nada de nada, porque de otra manera no sería verdaderamente el origen. Aristóteles afirma, al referirse al movimiento, que hay que pensar que exista un Primer motor inmóvil, algo que genere todo sin haber sido generado y que ponga todo en movimiento sin moverse nunca. Éste es el principio, el origen de todas las cosas, pero ¿cuál es la explicación aristotélica del devenir, del hecho de que una misma sustancia posea distintas cualidades? Digamos, por el momento, que la nueva cualidad, por ejemplo, el convertirse en adulto de un niño, debería estar ya presente en potencia. Luego debemos buscar las causas de este cambio (nutrición, movimiento, educación, etc.), las cuales son los "motores" del crecimiento. Finalmente es necesario suponer, según el filósofo griego, una cualidad más, pero de un tipo especial, diferente a todas las otras. El hecho es que una sustancia sólo puede asumir las cualidades de las que está privada, no las que ya tiene y mucho menos las que no puede poseer en ningún caso: una semilla porque ya lo es, ni generar un caballo (puesto que los caballos no nacen de las semillas y por lo tanto generar caballos no debe considerarse una privación de la semilla), pero puede convertirse en un árbol. Aristóteles llega a la conclusión de que todo lo que llega a ser posee una determinada privación y que para explica el devenir no se necesita nada más que esto: potencia, acto y privación.

Resulta evidente la diferencia entre la explicación platónica y la aristotélica. Para el segundo, la totalidad del universo puede explicarse de una manera científica, sin limitación alguna, al menos en principio, a la potencia del intelecto humano. Es suficiente proceder según un método lógico para llegar, antes o después, a la solución de los problemas. Se empieza por definir exactamente el objeto que se está investigando y más tarde se siguen los pasos del razonamiento hasta alcanzar el conocimiento. La compleja subdivisión en elementos que construyó Aristóteles (materia, forma, las cuatro causas, potencia y acto) no son tan sólo una descripción de la realidad sino que también son una guía para todo aquel que desee ser un científico, entendiendo que estudiar científicamente algo significa analizar la materia y la forma, clasificar los cambios según la potencia, el acto y la privación, y distinguir la esencia de los tributos.

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