miércoles, 9 de julio de 2014

El psicoanálisis freudiano



Una de las convicciones más seguras del hombre es que es él mismo, que conoce su propia historia; en definitiva, está convencido de ser el señor de su casa. Las últimas décadas del siglo XIX serán testigos del declive y de la quiebra de esta ilusión.

Freud y el psicoanalisis
Sigmund Freud (1856-1939), el médico austríaco fundador del psicoanálisis. El sentido innovador de la revolución psicoanalítica respecto a la cultura tradicional reside en la recuperación de lo irracional para el ámbito de lo racional, al mismo tiempo que se amplia el alcance del concepto mismo de racionalidad.

- Dudas y descubrimientos por parte de Nietzsche, Marx, científicos y biólogos


Nietzsche y Marx ponen en duda de un modo radical el valor absoluto de las más altas actividades humanas: el conocimiento y la vida social; los científicos destruyen la idea de que el mundo natural sea como un gran libro en el que se puedan reconocer orden y leyes eternas; los biólogos descubren que la vida sobre la Tierra no es obra de Dios o, por lo menos, no directamente, sino que sigue criterios accidentales para seleccionar las mejores especies, y que el hombre mismo no es más que el resultado -en cierto modo afortunado- de la evolución de algunos simios africanos.

- Avanza la técnica


Al mismo tiempo, la técnica sigue avanzando y no hay ámbito que no observe progresos extraordinarios. Por una parte la confianza del hombre se ve sacudida por revelaciones sobre la precariedad de su posición en el mundo creado, pero, por otra, cuanto más se duda de que seamos los señores del universo, crece hasta metas insospechadas el poder de dominar la naturaleza y de servirnos de ella para nuestros propios fines. El más clamoroso golpe asestado a la idea de que el hombre se hace a sí mismo es una mezcla entre ambas tendencias. Nace de la increíble presunción de poder capturar, como si de un objeto se tratase, el alma y sus misterios, pero esto es posible gracias a la sospecha de que la Razón, con mayúsculas, ya no es omnipotente. Por una parte, ello muestra una enorme confianza en la civilización, pero también una duda definitiva y radical sobre su benevolencia: es a la vez ilustración y antiilustración.

- Sigmund Freud


Fue Sigmund Freud (1856-1939) quien mostró que detrás del tranquilo, sano y normal ciudadano vienés contemporáneo suyo -el texto principal de Freud, La interpretación de los sueños, es de 1900- se ocultaban cosas muy parecidas a las que podían encontrarse en las almas de los locos y los asesinos, y que, por tanto, hombres de bien y delincuentes, personas sanas y dementes no diferían en sustancia más que por cuestiones secundarias. Todas habían nacido de una mujer, habían aprendido a hablar su lengua materna, habían recibido premios y castigos, aprendiendo así qué era lo correcto y qué lo equivocado, habían tenido que defender su alma infantil del miedo a perder la protección de sus padres, habían aprendido a disfrutar sólo de los placeres lícitos y dejar correr los ilícitos; en definitiva, habían imaginado una cantidad enorme de saber, emotivo o racional, sin saber todavía ni pensar ni juzgar: pensamiento y juicio eran más bien el resultado de aquellas primeras experiencias. La pregunta que se planteó Freud fue bastante sencilla: ¿cómo aprende el ser humano? la respuesta fue turbadora porque Freud, con un atento trabajo de indagación práctica basada en la experiencia clínica, descubrió que las primeras experiencias afectiva y cognitivas no son sustituidas por la racionalidad del hombre adulto, sino que se transforman en esas experiencias conservando una suerte de primado. Es normas que no las recordemos, para un niño recién nacido casi todas las experiencias perturban.

- El inconsciente de Freud


Descubrir, por ejemplo, que su madre está, pero también puede no estar, puede irse u odiarlo incluso, suscita en él un terror casi violento, que debe ser ocultado; para no perder el control de sí mismo el niño lo olvida. Pero no se puede decidir olvidar, puede decirse que oculta ese terror en un lugar donde ya no podrá encontrarlo. Ese lugar se convierte en un depósito en el que se estratifican todas las experiencias y, por tanto, se convierte en el origen de nosotros mismos. Pero es un lugar protegido por defensas de todo tipo porque el material que contiene es peligroso. Dado que los asaltos los efectúa la conciencia -es ella la que corre el riesgo de recordar experiencias demasiado dolorosas-, la mejor defensa será la que impida el acceso a la conciencia a ese lugar, un inconsciente. Aunque inaccesible, éste será siempre el depósito de las primeras experiencias, que forman al recién nacido como ser humano. De ello deriva una verdad turbadora, sobre todo para aquel tiempo: lo que hace de un ser humano un ser humano está escondido, es inasequible, es lo inconsciente.

+ Freud entiende que el hombre no es dueño de sí mismo


Éste es el descubrimiento de Freud: el hombre no es dueño de sí mismo, no sabe dónde se originan sus deseos ni sus miedos, y su vida es una tentativa sin fin para resolver esta paradoja. Porque la situación es ciertamente paradójica: el inconsciente es la causa de los sufrimientos espirituales y a la vez la causa del ser humano tal como conocemos. Y se da el caso que lo que separa la salud de la demencia es tan sutil que puede romperse en cualquier momento. Si el hombre no hubiese aprendido a dominar sus impulsos y esconderlos, el mundo sería un infierno lleno de violencia, egoísmo y terror; porque éstas son las experiencias originarias de la humanidad. Pero después de haber puesto bajo control todos los instintos peligrosos, padece aún el poder que éstos ejercen a pesar de estar ocultos.

- El "Yo" y el "Ello"


Durante un ataque de ira o por un deseo muy fuerte, el hombre que está dentro de nosotros, que no conoce las reglas de la razón ni de la civilización, toma el mando y no sabemos cómo controlarlo. Experimentamos horror y nos sentimos culpables porque sabemos que aquellos comportamientos son dañinos. Pero él no lo sabe, no sabe nada; es como un recién que sólo conoce sus necesidades y sus deseos. Nosotros y él -el Yo y el Ello-, luchamos sin descanso, pero convivimos en la misma persona; nosotros renunciamos a ciertos comportamientos que la sociedad enseña a evitar, pero él no sabe nada de la vida en común, ni de pudor, ni de leyes, no sabe realmente nada. La única posibilidad es recordar todo lo que hemos guardado en ese almacén y que ahora se nos escapa de la mano.

- Objetivo del psicoanálisis


El objetivo del psicoanálisis -así llamo Freud a su ciencia- es que allí donde está el Ello vuelva el Yo, para recordar cómo nos hemos convertido en lo que somos.